Lorenzo Córdova Vianello
La segunda marcha contra la inseguridad realizada el sábado pasado constituyó, como la de hace cuatro años, una especie de catarsis colectiva con la que afloraron la impotencia y los rencores de buena parte de la sociedad agraviada por una criminalidad desbordada que ha rebasado, por mucho, al Estado.