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Ahora hay que actuar contra “Los Malditos” que me consignaron: Jesús Lemus

Cuando pasas más de tres años encerrado en un penal de Alta Seguridad, como es el de Puente Grande en Jalisco, por un supuesto delito, que nunca cometiste, pero que tuviste la suerte de ser objetivo de un comandante de la Policía estatal de Guanajuato sin escrúpulos y de un sistema de justicia dirigido bajo consigna, no te queda más que salir, dar la cara y buscar que se actúe contra esas malas prácticas. Sí, da miedo después andar por la vida, pero consciente de que debes seguir adelante y levantarse de ese letargo.

Jesús Lemus narra en “Los Malditos” cómo le pusieron un “cuatro” para poder llevarlo a la tortura, para masacrarlo mentalmente, para tratar de acabar con su vida, tan solo por que le resultó incomodo al gobernador de Guanajuato en ese entonces, Juan Manuel Oliva, pero acusa al ex presidente Felipe Calderón de ser su real verdugo.

Tres años vividos dentro de una cárcel donde le hicieron ver su suerte, al igual que se la hacen ver a los peores delincuentes del país. Él también fue considerado un “Maldito” sir serlo. Pasó días en compañía de gente como el “Mocha orejas”, como el líder de los narcosatánicos; de Caro Quintero, sí uno de los máximo capos de la droga en México; del asesino “confeso” de Luis Donaldo Colosio, Mario Aburto y de muchos más. Con todos ellos platicó a hurtadillas, “en corto” y de ellos escribe una historia, su lado humano “porque de su culpabilidad o no, de eso se encargan los jueces”, dice.

Jesús Lemus tiembla de las manos cuando cuenta estas historias, de repente tiene que respirar profundo para evitar que el trago amargo le haga sollozar o soltar lágrima alguna. Señala a los culpables de calvario, pero no deja de aludir al ex presidente mexicano, quien dio rienda suelta a las acciones ilegales contra hombres inocentes como él. Dice yo tuve la suerte de contarlo, porque el trabajo de mis abogados me permitieron recobrar mi libertad, pero hay más de 300 mil desparecidos o muertos en el sexenio anterior que no tuvieron esa suerte.

Se dice priista y confía en que el gobierno en funciones cambie el régimen de justicia que hay en México. Tienen ya interpuesta una demanda contra el Juez que lo consignó al Penal de “La Palma”, contra el procurador de Guanajuato de ese entonces, contra el Jefe de la Policía que fue quien, finalmente, operó la consigna sobre su persona. Espera que realmente se le repare el daño y recobre, quizá ya no su conciencia, su tranquilidad psicológica, pero sí su dignidad y su valor ante la sociedad, esa que le arrancaron de un plumazo y que quedó plasmada en los suelos del Penal de Almoloya, Estado de México.

No acusa corrupción ni privilegios al interior del penal. “Al menos mientras yo estuve ahí no había privilegios para nadie. A todos nos torturaron, a todos nos sacaban por la madrugad a recibir chorros de gua fría; a todos nos desnudaron por semanas enteras y todos pasamos hambre por igual” Cuenta que hubo ocasiones en que solamente le daban arroz de comer. “Lo aventaban al piso y si tenía hambre lo recogía y lo comía, en otras ocasiones lo dejaba ahí y servía de alimento a las cucarachas a los ratones que rondaban por los pisos. Había ocasiones en que lo juntaba con las manos y lo guardaba para los días en que ni eso nos daban para alimentarnos”.

Jesús Lemus agradece la compañía, asesoría y ayuda que le brinda la doctora Martha Durán, quien hizo posible que escribiera este libro y quien, de hecho, lo impulso para que lo redactara, porque yo me había quedado sin nada. “Salí del penal con una mano adelante y otra atrás. Todo, todas mis pertenencias fueron hurtadas por los policías que fueron a casa a “investigar”, a catear. Se llevaron hasta mis calcetines”.

Bromea y confiensa lo dicho a la doctor Durán en l intimidad de su amistad: el libro lo hicimos entre yo y Jhony Walker, en referencia a las varias botellas de whisky que consumió para aligerar lo pesado de los recuerdos.

Acusa el “exhaustivo” interrogatorio a que fue sometido para ser considerado un reo de alta peligrosidad: me preguntaron mi nombre y mi edad; no más. Después fui llevado a Puente Grande y acusado de pertenecer a la Delincuencia Organizada. Yo era, según resultado de investigaciones y el interrogatorio, responsable de delitos contra la salud”.

Jesús Lemus es reportero de profesión. Era director de un diario local, Fue engañado y su vida cambió. Ahora camina por las calles con el temor de ser abordado o ultrajado nuevamente por los cuerpos policiacos, aunque confía en que el gobierno actual cambie ese accionar.

Su libro Los Malditos, fue presentado en el macro de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, que el próximo domingo llega a su fin.

Contra la inmediatez de las redes sociales, imposible competir

 

Dijeron concordar con que el periodismo debe ser respaldado por grandes empresas, por grandes flujos de dinero para que tenga futuro, pero Denis Mearker lo negaba en silencio, con movimientos leves de cabeza de derecha a izquierda y apuntaba en su oportunidad. “No sé si las empresas vayan a desaparecer, pero lo que va a sobrevivir es el periodismo”.

La conductora de Atando Cabos en Radio Fórmula, dijo no creer en que vayan a sobrevivir las radiodifusoras, los periódicos, como están, pero sí en que el periodismo seguirá. Aclaró que en México hay una gran necesidad de periodismo bueno, y que para ello se requiere de una inyección de fuerte capitales para su subsistencia, porque es inerte a la democracia.

Rafael Puig coincidiría con la también conductora de Televisa y sostendría que la crisis dentro del periodismo en México es de Narrativa: “Lo que está sucediendo con las nuevas tecnologías es que estamos carentes de narrativa”, dijo, al referirse a que la gente lee en gran número en los dispositivos móviles y ya lo hace menos en los periódicos de papel, “El 34 % de quienes leen Milenio, lo hacen en estas cosas” dijo el periodista de este medio levantando su smartphone.

Denise insistió en el tema y dijo que no es necesario que el la nota periodística tenga que ser más corta para poder leerse en estos instrumentos, sino que lo hay que hacer es adaptarse a las nuevas tecnologías y a hacer un periodismo diferentes, quizá con mayor audio, con  video, con nuevas formas de redactar y hacerlas interesantes.

Javier Moreno, director de diario español El País, defendió su posición y dijo que el periodismo tienen que ser respaldado por grandes consorcios capitalistas, por fuertes cantidades de dinero para que tenga futuro y refirió que es ahí donde hace el periodismo de hoy. Por lo menos el 95% de las notas informativas que circulan en el mundo surgen de estos grandes medios globales, son copias, repeticiones, que se plasman en todo tipo de medios pequeños. pero quienes realmente las elaboran son aquellos medios que tienen la capacidad para tener enviados en todo el mundo, en cada punto de interés noticioso.

El Buen periodismo seguirá pasando por las grandes empresas, reafirmaría Rafael Puig. Denise seguiría con su movimiento en negativo de la cabeza e insistiría en la posible desaparición de las grandes empresas, pero no así del periodismo, porque de resultar contrario, entonces aceptaríamos que se termina la democracia.

Los tres hablaron de la importancia de las redes sociales y aunque las calificaron como de gran importancia para hacer periodismo en la actualidad, negaron que sean por sí mismas periodísticas. “Las redes sociales aportan la inmediatez, el periodismo analiza, contextualiza, investiga, es artesanal”, apuntaría Denise ,para remarcar la importancia del Twitter o el Facebook, son inmediatos y “contra eso no se puede competir”.

La crónica ha quedado en el olvido, dice Villoro

 

Juan Villoro califica al argentino Diego Armando Maradona como el mejor jugador de la historia del futbol; dice que Alberto Onofre es el mejor mexicano que ha dado el balompìé de nuestro país, junto con Manuel Manzo; se dice apasionado del aficionado, porque él mismo es aficionado; forma su propia banda de rock y critica a los periodistas modernos porque han perdido el interés en el análisis, en la crónica periodística; habla de literatura y apunta que ésta es como un striptease al revés.

Conocedor, como es, del futbol, Villoro responde a un cuestionamiento de Marcel Ventura durante la presentación de su libro “Retrato Retrospectivo” , en el marco de la 23 Feria Internacional del Libro que se desarrolla en Guadalajara. Ventura le pide decir cuál es el 11 deseado para el futbol a nivel internacional. No le da tiempo de completar la alineación, porque se suelta hablando de las maravillas de Maradona, que resume en una frase: “ha sido el futbolista más desequilibrante del futbol. Dice que Pelé fue muy bueno; que Messi tiene lo suyo, pero que ninguno como Maradona.

Lamenta que su equipo, al que es afecto desde hace muchos años, El Necaxa, haya perdido la final en la liga de ascenso y recuerda que Alberto Onofre, un futbolista jalisciense es lo mejor que ha dado el futbol mexicano, pero que haya que tenido que retirarse del juego por un accidente en pleno entrenamiento. Lo mismo dijo de Manuel Manzo, quien también se retiró del juego de la patada por razones ajenas al deporte. Los calificó como Héroes nacionales, mal logrados, trágicos, pero héroes al fin.

Habló de música y del rock, al que se dijo adepto y platicó de su entrevista con Mike Jaguer de los Rolling Stone, de como  enfrentó una situación adversa que lo llevó a obtener respuestas adecuadas a preguntas incómodas. Dijo que en la banda ideal podrían acompañarlo rockeros como Jimi Hendrix, Jim Morrison, John Lenon y aquel bajista de Who, que era quien daba vida a ese grupo, mientras los otros hacía malabares con instrumentos y micrófono: John Entwistle. En la batería pondría al de Lep Zepellin: John Bonham, quien a decir verdad, fue propuesta de su interlocutor, Marcel Ventura.

Juan Villoro explicó que el libro que hoy presenta es una compilación de sus 30 años de vida literaria, el que escribe de “memoria” y revela el esfuerzo que hay que hacer cuando de recordar se trata, dado que recurrir a la memoria es como ponerse frente a un maquinita de esas que dan dulces: uno quiere la bolita roja y primero salen la azul, la morada, la verde.

Con su muy particular estilo dicharachero, bacilador, Villoro cuenta sus primeros años de escritor; de cómo escribió y consiguió su primera editorial, la cual no le pagaba ni un quinto por sus escritos. Dice que realmente se cuestionó sobre el particular y cuando el propietario de la editorial lo invitó a comer y estaba decidido a pedir que le pusiera precio a su trabajo, se acercó un vendedor de lotería y le compró un billete; le dio uno a él y le dijo “tome, tiene usted muchas más oportunidades de ganar con esto que con lo que escribe”.

Habla de las formas de escribir y en forma chascarronera dice que cuando alguien tienen en mente lo que podría ser el párrafo de su vida, no falta quien toque a la puerta, se distrae y cuando se sienta a la máquina para redactarlo, ya se le olvidó lo que tenía que escribir. Describe a la literatura como un striptease al revés, porque la literatura te desviste, te envuelve, te lleva al éxtasis para plasmar lo que quiere decir a los demás. Recurres a tu pasado, que es la única forma del tiempo que  nos pertenece y te das cuenta que las cosas ocurren para que alguien se acuerde de ellas.

Se lanza contra los periodistas modernos y dice que ya nadie hace crónica, que les resulta mejor verla que hacerla y que por eso hay tanto periodista gordo, porque se la viven sentados frente a la pantalla del computador, en lugar de salir a buscar la historia. Los comparsa con los boinas verdes de la ONU, de quienes dice llegan a muchos lugares, pero nunca saben qué es lo que tienen qué hacer.

Juan Villoro explica que en México somos afectos a elogiar lo imposible; vivimos de ilusiones y somos apasionados de algo que no vamos a lograr. Dice que él como escritor, como periodista le gusta el futbol, pero se enfoca a los aficionados; veo como ellos viven y gozan de este espectáculo que saben que no nos va a llevar a ningún lado. Si le meten 5 goles a la selección decimos pero no jugó tan mal; se hizo lo que se pudo y hasta los justificamos. Tenemos como grito de guerra el “Sí se Puede”, porque estamos conscientes que hay algo que no se puede.  Se construye una imaginario que derrota a la realidad y nos damos cuenta de que llegamos a donde nuestras posibilidades lo permiten.

Nos gusta lo catastrófico, los derroteros. Sabemos afrontar con mucha naturalidad la desgracia, tal que podríamos dar clases a aquellas naciones del extranjero que estuvieran por afrontar una desgracia.

Juan Villloro recibirá un homenaje el próximo domingo en reconocimiento a su trayectoria literaria, dentro de la FIL Guadalajara.

Con escribir no vamos a cambiar el mundo: M. Vargas Llosa

Un encuentro de dos grandes de la literatura, momentos en que ellos mismos dijeron se robaron dichos que el otro pensaba, pero que al final fue una muestra de enseñanza literaria y en los que ambos coincidieron al afirmar que la lectura engrandece a los pueblos, modifica actitudes, pero, como dijera David Grossman, no se asocia con la Revolución Social, porque quien piense que con la literatura cambiará al mundo está siendo arrogante, agregaría Vargas Llosa.

Dos horas de charla, mediada por el también escritor Juan Cruz, quien en momentos tuvo que ser corregido sarcásticamente por Grossman, por llamarlo escritor que esconde la pena.  No soy, dijo,  el escritor que se fuga, por el contrario escribo siempre con “E” mayúscula, con “E” de estar.

La única libertad que tiene el escritor, agregó, es escribir su propia tragedia, con su propia escritura. Los escritores somos sospechosos de las palabras, porque con frecuencia siente uno que hay discordancia en las palabras que utilizamos, por lo que revisamos, cambiamos y tenemos que seleccionar las palabras más adecuada al sentido que queremos dar a nuestro texto.

Fueron dos horas en que se habló principalmente de literatura, pero también de política; en donde Groosman diría que quiere mucho a su país, pero con una cariño extraño, divergente, contradictorio, porque no está de acuerdo con la forma en que se utilizan al ejército para tratar de llegar a la paz tan anhelada.

Pero sí, la literatura fue el tema central y no mucho se alejaron de él, tema en el que estaban inmersos decenas de personas que se de dieron cita en el auditorio Juan Rulfo de la Expo Guadalajara. Diría Grooman: uno como escritor a veces está enajenado tratando de cambiar las cosas, pero entendemos que nos enfrentamos a los aspectos  más relevantes de uno mismo, de su ser, de su cultura y de su mundo actual.

Qué afortunados somos de ser escritores –dijo el literato israelí–, de hacer de este mundo nuestro, porque nosotros le damos gusto, le damos nuestro toque íntimo a la realidad.

En su oportunidad, Mario Vargas Llosa sostendría que escribir es una cosa maravillosa, porque uno le imprime una sensación especial a los que ve. “Los escritores somos gente privilegiada porque podemos enaltecer ese don que tenemos en beneficio de nuestro lectores.

Criticó que se entienda, aún en estratos de nivel cultural alto, a la literatura como  un mero entretenimiento o una distracción, “es una insensatez  pensar que la literatura es una manera de distracción o entretenimiento, porque los escritores la entendemos como una forma de decir que el mundo está mal hecho y que requiere de cambiar.

“Si el mundo desapareciera a la literatura, explicó, el mundo sería de autómatas y si queremos que el mundo siga cambiando y derrote las fantasías, entonces la literatura, lejos de desaparecer, debe crecer.

Fue aquí cuando el escritor peruano sostuvo que la literatura no va a cambiar al mundo, “sería arrogante pensar o asociar a la literatura con la Revolución Social, con escribir no vamos a cambiar al mundo”.

Fue un encuentro de dos grandes de la literatura, ambos elogiaron la carrera literaria de su contraparte y ambos dijeron que comenzaron a escribir a muy corta edad, Grossman a los 8 años y Vargas Llosa, como dijo, le ganó, comenzó a los cinco años, incluso recordó sus primeras lecturas y por qué en ese entonces relacionaba la lectura con algo pecaminoso, razón por lo cual su madre le escondía un libro que entonces leía ella: “20 poemas de amor y una condición desesperante” de Pablo Neruda.

Vargas Llosa diría que no solo leer sino escribir es una forma de enriquecer las ilusiones. Los libros significan una vida paralela más extraordinaria que la vida humana misma.

Grossman agregaría que leer nos cambia a todos nosotros y estableció la diferencia entre leer periódicos y leer libros, lo primero, dijo nos hace partícipes de una igualdad social;  lo segundo nos adentra a una vivencia personal y nos hace partícipes de la historia misma que leemos en ese momento.