Ricardo Alemán
Itinerario Político
Carta de hermana de secuestrado en esa frontera
Matan al plagiado, huye la familia y muere el padre
Ricardo Alemán
Itinerario Político
Carta de hermana de secuestrado en esa frontera
Matan al plagiado, huye la familia y muere el padre
Salvador García Soto
Serpientes y Escaleras
Ante la ineptitud de los gobiernos federal y capitalino, los familiares recurrieron a un ex funcionario que en días averiguó lo que las policías no pudieron en meses
Miguel Ángel Granados Chapa
Plaza Pública
Ante el incremento en el número de secuestros en el país, en próximos días se espera la remoción de tres subprocuradores y un oficial mayor de la PGR. Mientras que asciende a más de 5 mil el número de personas ejecutadas en los 20 meses de la actual administración; y durante 2007 el número de secuestros creció en 35 por ciento respecto del año anterior, riñen los funcionarios encargados de combatir esas expresiones de la delincuencia organizada. Según pudo saber el diario Reforma, en sesión del gabinete de seguridad federal, el miércoles pasado el procurador general de la República y el secretario de Seguridad Pública se incriminaron mutuamente, ante el crecimiento del delito de secuestro, que el año pasado victimó a 438 personas (frente a 325 de 2006).
En menos de 20 horas, seis personas fueron ejecutadas en Sinaloa. En cálculos ordinarios, eso significa que una murió cada 3.3 horas. Culiacán, Guasave y Navolato fueron los escenarios de estas ejecuciones que han dejado a los dolientes con preguntas: ¿Por qué? ¿Y los responsables? ¿Debemos acostumbrarnos a vivir así? ¿Será que autoridades y criminales ya son uno mismo?
Ana María Salazar
No hay otra forma que describir lo que está pasando en Sinaloa estos días: ese estado se encuentra en una guerra abierta y sangrienta entre diferentes grupos de narcotraficantes.
Salvador García Soto
Serpientes y Escaleras
El Presidente decidió encargarle a la Sedena la misión de ubicar y detener al que es considerado el principal ‘capo’ del narcotráfico en México
En medio de la guerra total que se libra contra el cártel de Sinaloa, en su propio territorio, el presidente Calderón dio hace unas semanas una orden tajante: la búsqueda y caza de Joaquín Guzmán Loera, alias El Chapo, la coordina y la ejecuta el Ejército y ya no la PFP o la PGR.
Miguel Ángel Granados Chapa
Plaza Pública
En sólo una semana, decenas de muertos en ciudades importantes de Sinaloa muestran una vez más cómo la muerte violenta se pasea por las calles de ciudades sinaloenses a despecho de la reforzada presencia federal. No es que sea enteramente ineficaz la actividad castrense: el sábado miembros del Ejército detuvieron a ocho presuntos miembros de la banda de los Beltrán Leyva y aseguraron un arsenal tan bien surtido que incluía un lanzacohetes antitanque. Asimismo, en el municipio serrano de San Pedro de la Cueva, militares detuvieron siete personas más con su armamento, al apoderase de un rancho dotado de una pista de aterrizaje clandestina.
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Como se esperaba, el presidente de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal, Emilio Álvarez Icaza, presentó un informe que resulta un gran fresco de la corrupción, ineficiencia, prejuicios, abuso sistemático contra los ciudadanos, brutalidad y transgresiones legales constantes y generalizadas con que actúan los cuerpos policíacos.
El informe se refiere únicamente a la Ciudad de México, pero salvo prueba por conocer, lo ofrecido por el ombudsman capitalino es perfectamente aplicable a las corporaciones policíacas de los estados, al Ministerio Público y a las procuradurías “de justicia” de todo el país. Lo ofrecido por Álvarez Icaza ilustra que en México los órganos de prevención del delito no funcionan o lo hacen muy mal y que la procuración de justicia es cualquier cosa menos eso, procuración de justicia.
No lo dijo el presidente de la CDHDF, pero lo sabemos muchos mexicanos: que la actuación abusiva e ilegal de quienes deben prevenir y perseguir el delito se genera, apoya y preserva en un sistema de impartición de justicia corrupto, lento y solapador de las violaciones de la legalidad, lo que deja a los ciudadanos en la más alarmante indefensión.
Las renuncias del procurador y el secretario de Seguridad Pública eran esperadas. Constituían una necesidad política, sobre todo debido al coro formado por el PRI y el PAN, que olió sangre y empezó a salivar. Ebrard tenía que proceder como lo hizo, pues quien está en la cúspide siempre tratará de descargar en sus subordinados la responsabilidad.
En el caso del ex procurador Rodolfo Félix Cárdenas parece más que justificado que deje un cargo para el que no estaba capacitado. Por comisión o por omisión, pero ese funcionario mucho tuvo que ver en la liberación de Carlos Ahumada, el delincuente argentino que fue instrumento del desafuero de Andrés Manuel López Obrador. Ahora, su proceder faccioso e irregular ameritaba el cese.
Menos justificada parece la salida de Joel Ortega de la Secretaría de Seguridad Pública, pues ha sido un funcionario hasta donde se sabe honesto y, como consta a los capitalinos, dedicado, pues solía prestar al servicio muchas más horas de las exigibles. Ortega Cuevas se esforzó por reglamentar los procederes del personal a sus órdenes y por imponer orden en un cuerpo poco profesional. Su pecado, en todo caso, fue persistir en la aplicación de los llamados operativos, que son violatorios de las garantías individuales, pues en ellos la policía maltrata a los ciudadanos, efectúa detenciones sin la orden respetiva y pone a las personas ante riesgos innecesarios, como lo vimos en el caso del News Divine, todo con resultados frustrantes, pues no se enfocan las baterías contra los delincuentes, sino se procede en forma indiscriminada contra cualquier persona que se halle en el lugar.
Lo ocurrido en el News Divine muestra que los aparatos de prevención y persecución del delito se guían por una cultura que ve en cada ciudadano a un enemigo, a un delincuente. Priva en ellos un arraigado rencor social, pues se saben despreciados por la sociedad a la que deben defender y hasta por los políticos que los necesitan.
La policía en todas partes es corruptible y con frecuencia no se advierten los límites entre su actuación y la de los criminales. Le toca actuar en el subsuelo de la sociedad, para la cual, si todo sale bien, se entiende apenas como labor cumplida, pero si algo resulta mal, entonces vienen los desgarramientos de vestiduras.
Lo sucedido en la discoteca tiene responsables directos que deberán pagar por lo ocurrido. Pero mucho nos tememos que se querrá dejar ahí el asunto y limitar los daños a un cambio de jefes. Sin embargo, nada garantiza que los recién llegados sean más eficientes. Es más: ante el deterioro de las condiciones económicas, la carestía y la crisis que ya está en curso, los que llegan afrontarán un cuadro delictivo más extendido al que tendrán que responder con los mismos elementos técnicos y humanos.
Pero lo cierto es que urge revalorar socialmente la función policíaca. En Estados Unidos abundan los programas de televisión que muestran como héroes a los policías. Aquí, uniformados y judiciales apenas si merecen el dudoso honor de la caricatura. Si nuestros policías no son apreciados y respetados, no será posible revertir la actual relación entre los representantes de la ley y las otras personas.
Un cambio radical de comportamiento pasa necesariamente por la capacitación técnica y física de nuestros policías, por sistemas de admisión, control y promoción adecuados —actualmente no existen, cualquier psicópata puede ser policía, los sistemas de vigilancia interna no los vemos y se promueve a quienes no necesariamente son aptos para el mando—. Pero ninguna medida servirá, insistamos, mientras no mejoren drásticamente las condiciones de vida de los policías y sus familiares, al extremo de hacer deseable la carrera policíaca y convertir el hogar de los uniformados y de los judiciales en el mejor vigilante de la honestidad y el correcto proceder de quienes deben ser nuestros protectores. hum_mus@hotmail.com
Salvador García Soto
Serpientes y Escaleras
05 de julio de 2008
Cuando Manlio Fabio Beltrones dice que lo espiaron y habla de la “basura” que hay en un documento —presuntamente del gobierno— que alguien le filtró, hay que creerle.